Martín contaba con orgullo que su hija ya hacía la tarea sola. Había dejado de pedirle ayuda. Él lo tomaba como una señal de que estaba creciendo.
Nunca le había preguntado por qué.
Hay chicos que consiguen decir qué les pasa. Pueden irse a otra habitación, pedir ayuda a alguien más, intentar solos. Otros se repliegan en silencio y aguantan como pueden. Dicen que entendieron aunque no entiendan. Borran antes de que alguien advierta el error. Lloran y reciben otra pregunta: ¿y ahora por qué llorás?
No podemos entender qué le pasa a cada niño mirando una sola reacción aislada. Pero tampoco podemos dar por hecho que está bien porque no se queja. Tal vez todavía no tenga las palabras, no sepa cómo expresar lo que le pasa. Tal vez ya haya probado decir algo y haya aprendido que es peor.
De grandes podemos forzar una sonrisa para que nos dejen tranquilos. En una reunión, alguien hace un comentario sobre el cuerpo de otro. Los demás se ríen. El aludido también. Sabe que, si protesta, tendrá que escuchar que no aguanta nada. El apodo termina reemplazando su nombre. Un día pide que no lo llamen más así.
—Era un chiste. Qué poco sentido del humor tenés.
Los demás siguen comiendo. El que recibió la burla se queda haciendo cuentas: cuánto le costaría insistir, qué tendría que explicar, y si en definitiva vale la pena. Hasta para pedir que no lo humillen tiene que encontrar una manera que no moleste.
En las redes, esa escena puede tener miles de espectadores. Hice un ejercicio sencillo: entré en los perfiles de un par de medios gráficos y leí los comentarios. Busqué temas distintos. Una foto de un deportista, una nota sobre bienestar, otra sobre inteligencia artificial. Cambiaban las publicaciones. Los insultos seguían apareciendo. Se burlaban de la edad, del aspecto, de cualquier cosa que sirviera para denigrar a quien aparecía en la nota.
No alcanza con esa recorrida para medir la agresión en las redes. Alcanza para preguntarse qué fuimos a buscar ahí. Hay comentarios que apenas tienen relación con la noticia. La persona expuesta parece importar solo como blanco.
Quien escribe puede cerrar la aplicación. El comentario queda. Llegan las reacciones, otros insultos, gente que se suma a la ¨conversación¨. Del otro lado hay alguien que puede estar leyendo todo eso, incluso cuando los demás ya pasaron a otra cosa. La pantalla permite agredir sin tener delante la cara de quien recibe el golpe.
Al hater lo reconocemos enseguida. Cuesta más preguntarnos por los que lo acompañan. Una risa, una reacción, otra ocurrencia para subir la apuesta. No todos entraron para lastimar. Algunos terminan haciéndolo para no quedarse afuera de la diversión.
La intención importa, pero no explica todo. También podemos lastimar por costumbre, porque ¨así se habló siempre en casa¨ o porque nunca nos detuvimos a mirar la reacción del otro. No tiene porqué haber necesariamente un plan. Puede haber años de trato hiriente que una persona considera su manera de ser. Reconocer el daño obliga a abandonar esa comodidad.
En los vínculos, esas formas de trato no siempre aparecen como una imposición evidente. A veces se instalan a través de decisiones que, al principio, parecen razonables. En una pareja, el control puede empezar con una explicación sencilla: uno sabe administrar mejor. Conviene consultarle los gastos. Después hay que justificar cada compra. Más adelante, la otra persona deja de comprar algo que necesita para ahorrarse el interrogatorio.
—¿Qué harías sin mí?
Puede sonar a cariño. También puede ser una amenaza dicha sin levantar la voz. Para saber qué está pasando hay que mirar si esa persona tiene acceso al dinero, si puede decidir, si negarse le traerá algún tipo de represalia. Un presupuesto acordado entre ambos es otra cosa.
Evan Stark desarrolló el concepto de control coercitivo como un patrón de dominación que restringe la autonomía mediante intimidación, aislamiento y control cotidiano. Su trabajo permite mirar cuánto margen de decisión le queda a alguien dentro de una relación, aunque desde afuera no se advierta una agresión física.
Alguien puede querernos y hacernos daño sin darse cuenta. Hay formas de violencia mucho más sutiles que un golpe. A veces hasta cuesta identificarlas, pero con el tiempo pueden terminar socavando la autoestima de quien las recibe. En las relaciones es normal que haya cuidados, viajes, una enfermedad durante la que el otro estuvo. Esos recuerdos no son falsos. Por eso cuesta aceptar que la misma persona que estuvo al lado puede estar haciendo daño. Se buscan explicaciones, se comparan momentos, se espera que vuelva a ser como antes.
Cuando una pareja se separa, el conflicto puede cambiar de lugar. Hay cuentas pendientes y reproches. Un hijo empieza a ser intermediario en la conversación que los padres no pueden tener. Le preguntan por un pago, por lo que hizo el otro, por quién estuvo en su casa. Vuelve de una visita preparando respuestas. Puede sentir que contar algo bueno es traicionar al que está escuchando.
Separarse no implica necesariamente esa situación. El problema aparece cuando los padres interponen a su hijo en una pelea que no puede resolver. Cada adulto tiene sus razones. El niño necesita seguir teniendo un lugar con ambos, sin hacerse cargo de sus agravios.
Están, además, las explicaciones de siempre: hay que aprender a aguantar, las parejas tienen sus códigos. Sirven para despachar situaciones distintas sin averiguar qué ocurre. Quien intenta hablar tiene que demostrar primero que lo suyo merece ser escuchado.
El desgaste puede verse en cosas pequeñas. Alguien deja de contar una buena noticia porque sabe que se la van a arruinar. Antes de opinar, mira quién está. Empieza a desconfiar de su juicio: quizá está exagerando, quizá entendió mal. Para evitar problemas, se acostumbra a ocupar cada vez menos espacio en su casa.
Las palabras pueden quedarse mucho después de que quien las dijo las haya olvidado. Incluso pueden volver en nuestra propia voz. Las palabras tienen esa capacidad de viajar en el tiempo. Haberlas escuchado no nos condena a repetirlas. Reconocer que las estamos usando exige algo más incómodo que recordar lo que nos hicieron.
Una investigación publicada en BMJ Open en 2025 analizó encuestas de 20.687 adultos. Entre quienes recordaban abuso verbal infantil sin abuso físico, un 13,6 % decía haberse sentido cerca de otras personas nunca o casi nunca en las dos semanas anteriores. Entre quienes no declaraban ninguno de esos abusos, la cifra era del 7,7 %.*
El estudio no demuestra que el abuso verbal haya causado esa diferencia. Tampoco permite atribuir un daño duradero a cualquier frase desafortunada. Da motivos para investigar lo que solemos descartar porque no dejó una lesión visible.
«No es para tanto» puede cerrar una conversación antes de que alguien consiga contarla. Chad Shenk y Alan Fruzzetti estudiaron experimentalmente las respuestas que invalidan la experiencia emocional. Quienes las recibieron mostraron más malestar y mayor activación fisiológica que quienes fueron validados. Midieron reacciones inmediatas al estrés, no las consecuencias de una vida. Pero permite advertir algo: la manera en que respondemos a lo que otro siente puede agravar su malestar o contribuir a aliviarlo.
Escuchar no obliga a darle la razón al otro en todo. Una crítica puede ser justa y doler. Un límite puede ser necesario y provocar enojo. No todo desacuerdo es agresión. No toda incomodidad es vulneración. Importan el contexto, la reiteración, la relación de poder y la posibilidad de responder. Esa distinción exige mirar; no sirve como excusa para dejar de hacerlo.
Tomarse en serio el sufrimiento ajeno no nos vuelve frágiles ni nos quita la libertad de hablar ni pensar. Nos obliga a responder por cómo tratamos a los demás. Invocar el derecho a decir lo que pensamos no resuelve qué hacemos cuando nos señalan que estamos humillando a alguien.
También se deja de mirar cuando una persona queda reducida a una etiqueta: el ex que debe algo, la compañera que irrita, el empleado que no rinde, la madre culpable de las dificultades de su hijo. Clasificarla nos ahorra tomarnos el trabajo de conocer sus circunstancias.
Los que presenciamos el destrato podemos ayudar a sostenerlo. Pedimos paciencia al que recibe las descalificaciones porque hablar con el otro sería más incómodo. Después invitamos otra vez a todos, acomodamos las sillas y esperamos que nadie vuelva a traer el asunto a la mesa.
La empatía empieza a costar cuando el dolor del otro nos señala a nosotros. Ahí escuchar exige tolerar una versión nuestra que preferiríamos no tener que ver.
Martín le había pedido al jefe salir antes. Viajó en subte mirando la hora y pasó por la panadería a comprar las medialunas que le gustaban a su hija.
Cuando llegó, ella ya estaba haciendo la tarea. Dejó el bolso y acercó una silla.
—A ver, mostrame.
La niña cubrió una parte de la hoja con el brazo.
—Dejá, papá. La hago yo.
—Pero vine temprano para ayudarte.
Ella lo miró.
—Si te vas a enojar, no quiero.
Lo único que le salía de adentro era explicarle todo lo que había hecho para llegar a esa hora. El permiso en el trabajo, el viaje, las cosas que había dejado pendientes para sentarse con ella.
Pero su hija le estaba diciendo otra cosa, que ahora, por primera vez, comprendía.
—Te prometo que no me voy a enojar —dijo él, en voz baja.
La niña retiró el brazo de la hoja.
—Entonces sí. Te dejo ayudarme.
La historia también podía terminar así. Pude hacer que Martín escuchara porque soy quien escribe esta historia. En la vida, esa oportunidad suele llegar como un reproche que no tenemos ganas de escuchar.
[1] Stark, E. (2007). Coercive Control: The Entrapment of Women in Personal Life. Oxford University Press.
[2] Bellis, M. A. y colaboradores (2025). Comparative relationships between physical and verbal abuse of children, life course mental well-being and trends in exposure: a multi-study secondary analysis of cross-sectional surveys in England and Wales. BMJ Open, 15, e098412. DOI 10.1136/bmjopen-2024-098412.
[3] Shenk, C. E.; Fruzzetti, A. E. (2011). The Impact of Validating and Invalidating Responses on Emotional Reactivity. Journal of Social and Clinical Psychology, 30(2), 163–183. DOI 10.1521/jscp.2011.30.2.163.
Nota sobre el estudio
* Bellis y colaboradores analizaron siete encuestas de Inglaterra y Gales. Los porcentajes citados son estimaciones ajustadas de quienes respondieron que nunca o casi nunca se habían sentido cerca de otras personas durante las dos semanas anteriores. Comparan abuso verbal infantil sin abuso físico con ausencia de ambos. Las encuestas fueron transversales y recogieron recuerdos de la infancia; permiten identificar asociaciones, no establecer causalidad. Véase la referencia 2.
Nota editorial:
La escena de Martín y su hija es ficticia.
Esta columna forma parte de un espacio de análisis y opinión sobre asuntos de interés público. Las reflexiones expresadas corresponden a su autor y se inscriben en el marco del debate público, la libertad de expresión y la discusión crítica de comportamientos, vínculos y procesos sociales.
Aviso legal importante:
El presente aviso establece la naturaleza, finalidad y alcance del contenido y acompaña sus versiones de lectura, audio, audiovisuales y cualquier otra forma de difusión. La columna debe interpretarse conjuntamente con estas aclaraciones.
Ficción, protección de identidad y privacidad
Martín y su hija son personajes ficticios. Las escenas que protagonizan, sus diálogos, pensamientos, motivaciones y conductas son creaciones narrativas. No constituyen el relato de un caso real ni pretenden representar comportamientos de personas determinadas. Cualquier semejanza con personas o situaciones reales es fortuita.
Los demás ejemplos sobre relaciones familiares, de pareja, laborales o sociales tienen carácter general e ilustrativo. No se presentan como denuncias, testimonios sobre casos individuales ni descripciones destinadas a identificar a niños, niñas, adolescentes, familias u otras personas.
Las observaciones personales del autor sobre publicaciones y comentarios en redes sociales tienen el alcance expresamente señalado en la columna y no se presentan como un relevamiento estadístico ni como una investigación sobre personas o medios determinados.
Público destinatario y alcance temático
Esta columna de opinión está dirigida al público mayor de edad de Uruguay.
Constituye un espacio de análisis, reflexión y debate sobre asuntos culturales, sociales, psicológicos y conductuales vinculados al trato entre las personas, las relaciones familiares, de pareja y laborales y las interacciones en entornos digitales. Las referencias científicas se incorporan para contextualizar esa reflexión.
Opiniones del autor y publicación por Ballena Rabiosa
Las opiniones, interpretaciones y valoraciones expresadas corresponden a su autor y se presentan en ejercicio de la libertad de expresión y del análisis crítico de asuntos de interés general.
La publicación y difusión de la columna por Ballena Rabiosa no implican necesariamente coincidencia o adhesión a todas las opiniones, interpretaciones o conclusiones expresadas por el autor.
Uso de fuentes e información pública
El contenido incluye referencias y comentarios sobre obras, investigaciones científicas, publicaciones académicas y otros materiales accesibles públicamente.
Estas referencias se realizan con fines informativos, analíticos y de contextualización. Su inclusión no implica certificación de veracidad absoluta ni adopción automática de todas las interpretaciones o conclusiones contenidas en las fuentes.
Debe distinguirse entre los resultados atribuidos a cada investigación y las reflexiones que el autor desarrolla a partir de ellos. Las asociaciones estadísticas no deben interpretarse como demostraciones de causalidad ni trasladarse automáticamente a personas o situaciones individuales.
El carácter público o accesible de una fuente no implica que sus contenidos estén libres de derechos de autor.
Declaraciones y referencias de terceros
Las afirmaciones, resultados y conclusiones atribuidos a investigadores y otros autores corresponden a las fuentes identificadas. Su reproducción, síntesis o comentario no implica adhesión a la totalidad de sus posiciones.
Los diálogos de Martín y su hija son creaciones ficticias y no citas de declaraciones reales.
Referencias institucionales
Las menciones a investigadores, universidades, editoriales, revistas científicas, medios de comunicación u otras entidades se realizan con fines informativos y analíticos.
No implican que esas personas o instituciones hayan participado en la elaboración de la columna, revisado su contenido, autorizado sus interpretaciones o respaldado su publicación. Tampoco constituyen imputaciones de hechos ilícitos ni atribuciones de responsabilidades jurídicas.
Naturaleza de análisis y opinión
El texto combina reflexión, opinión, ejemplos generales, recursos narrativos y referencias a investigaciones identificadas.
Las preguntas, hipótesis e interpretaciones del autor deben entenderse dentro de ese marco. Las afirmaciones sobre estudios y sus resultados conservan el alcance concreto con el que se presentan y deben distinguirse de las valoraciones personales.
Las expresiones relativas a violencia, maltrato, humillación, invalidación emocional o control se utilizan en el contexto social y conceptual desarrollado en la columna. No constituyen diagnósticos clínicos, calificaciones jurídicas ni atribuciones de delitos a personas determinadas.
El contenido debe interpretarse en su totalidad y contexto. Los fragmentos aislados no deben utilizarse para atribuir al autor o a Ballena Rabiosa afirmaciones que no surjan del conjunto del texto.
Actualización y evolución de la información
La columna se elabora a partir de las fuentes y la información disponibles al momento de su redacción.
La información científica y pública puede evolucionar, ampliarse, corregirse o ser objeto de interpretaciones diferentes. Nuevas investigaciones, documentos o aclaraciones pueden complementar o revisar los datos y enfoques considerados.
Las diferencias de interpretación y las revisiones posteriores forman parte del debate público y del desarrollo del conocimiento. No constituyen reconocimiento del autor o de Ballena Rabiosa de haber actuado con mala fe, negligencia o intención de desinformar.
Ausencia de asesoramiento profesional
Las referencias a conceptos psicológicos, sociales, científicos o jurídicos tienen finalidad informativa, ilustrativa y analítica.
La columna no constituye asesoramiento médico, psicológico, psiquiátrico, jurídico, técnico ni profesional de ninguna naturaleza. No establece una relación profesional con sus lectores ni sustituye la evaluación individual de especialistas.
Tampoco constituye un informe pericial, una evaluación clínica, una investigación sobre personas determinadas ni una determinación de responsabilidades individuales. La semejanza entre un ejemplo y una experiencia personal no permite obtener un diagnóstico ni establecer la existencia de una conducta ilícita.
Limitación de responsabilidad
El autor y Ballena Rabiosa no asumen como propias ni se responsabilizan por las interpretaciones, inferencias, acusaciones o conclusiones de terceros y no autorizan el uso del contenido para atribuir diagnósticos, identificar supuestos responsables, formular acusaciones contra personas concretas ni presentar los ejemplos narrativos como hechos comprobados.
Las decisiones y actuaciones que terceros adopten a partir de la lectura, reproducción o difusión del contenido son de su exclusiva responsabilidad. Las alteraciones, omisiones, agregados o presentaciones descontextualizadas efectuados por terceros no son atribuibles al autor ni a Ballena Rabiosa.
Reproducción, difusión y plataformas
El presente aviso se aplica a todas las formas de difusión, reproducción y circulación de la columna, incluyendo su publicación escrita, versiones audiovisuales, grabaciones sonoras, podcasts, plataformas digitales, redes sociales, servicios de audio bajo demanda y materiales promocionales.
Su alcance comprende cualquier medio, soporte, tecnología o sistema de difusión actual o futuro.
Las adaptaciones y los extractos deben preservar el sentido del contenido y las distinciones esenciales entre ficción, opinión, observación personal e información atribuida a fuentes. La reproducción por terceros no implica autorización para alterar la obra ni este legal, ni tampoco para atribuir nuevas afirmaciones o intenciones al autor o a Ballena Rabiosa.
Material gráfico y audiovisual
Las imágenes utilizadas para ilustrar y promocionar esta columna han sido generadas mediante inteligencia artificial.
Las imágenes, ilustraciones, gráficos, sonidos y demás materiales que acompañen la columna pueden proceder de archivos, bancos de imágenes, materiales de uso autorizado o herramientas de generación mediante inteligencia artificial.
Se utilizan con fines ilustrativos, simbólicos o artísticos. No constituyen documentación de los episodios narrados ni representaciones de personas o hechos reales.
Las imágenes generadas mediante inteligencia no deberán interpretarse como fotografías de personas reales ni como prueba de acontecimientos efectivamente ocurridos.
La utilización de materiales de terceros no implica titularidad sobre ellos ni asociación con sus autores o titulares.
Derechos de autor
Los derechos de autor sobre el contenido original de esta columna, sus versiones sonoras o audiovisuales y los demás materiales originales corresponden a Ballena Rabiosa y/o a sus respectivos autores, según la titularidad de cada obra.
El contenido puede ser leído, escuchado o descargado para uso personal. Esa posibilidad no constituye autorización para su explotación comercial, reproducción, distribución, publicación o transformación por terceros.
No se autoriza la utilización del nombre del autor o de Ballena Rabiosa para presentar versiones modificadas, contenidos derivados o publicaciones de terceros como si fueran originales, revisados o aprobados por ellos.
Esta declaración no extiende derechos sobre obras o materiales ajenos, los cuales se regirán por las normas y restricciones legales que les apliquen.
Propiedad intelectual de terceros
Los derechos sobre textos, citas, imágenes, gráficos, fotografías, videos, sonidos, marcas, logos, nombres comerciales, bases de datos y otros materiales de terceros permanecen en sus respectivos titulares.
Su inclusión tiene finalidad informativa, analítica o ilustrativa y no implica transferencia de derechos, asociación institucional, patrocinio ni pretensión de titularidad por parte del autor o de Ballena Rabiosa.
Las autorizaciones relativas al contenido original de la columna no comprenden los materiales de terceros que puedan acompañarla.
Buena fe y responsabilidad ética
La columna se produce y difunde de buena fe para contribuir a la reflexión y al debate público sobre el trato entre las personas y sus consecuencias.
Las referencias incluidas no persiguen identificar ni exponer casos privados, afectar la reputación de personas determinadas o atribuir responsabilidades jurídicas individuales.
El análisis crítico de comportamientos y dinámicas sociales no implica una acusación personal contra quienes puedan sentirse aludidos por ejemplos generales o escenas ficticias.
Ley aplicable y jurisdicción
El presente aviso legal se rige por las leyes de la República Oriental del Uruguay.
Las controversias relativas a su interpretación o aplicación serán sometidas a los tribunales competentes de Montevideo, Uruguay.



