Uruguay: la mochila invisible. La primera barrera para aprender.

Hay desigualdades que empiezan mucho antes de que un niño entre a un salón de clases. Y cuando decidimos mirarlas, muchas veces ya es tarde. Mientras seguimos teorizando sobre la inclusión y la exclusión, miles de niños llegan cada día a la escuela con una mochila que nunca eligieron cargar. La responsabilidad por permitir que esa realidad continúe también es nuestra. Por acción. Por omisión. O por aceptar que quienes tienen el deber de actuar no lo hagan.

Uruguay: la mochila invisible. La primera barrera para aprender.

Hay temas que son complejos de abordar por muchas razones, ya sea porque las causas son diversas, porque las implicancias son amplias, o bien porque cuesta delimitar los bordes del problema. Empecé investigando sobre discapacidad, las necesidades específicas de apoyo educativo y la inclusión en Uruguay. Estaba totalmente convencida que la primera barrera que enfrentaban muchos niños era la accesibilidad.  Después de conversar con directores de escuelas públicas en el departamento de Maldonado, entendí que estaba mirando el problema desde el lugar equivocado. La primera barrera de muchos niños con dificultades para aprender puede estar relacionada directamente con otros factores como una mala alimentación o una pobre estimulación durante los primeros años de vida.  En hogares de sectores más vulnerables el hambre, la desnutrición, las condiciones habitacionales y la falta de estimulación temprana pueden afectar el desarrollo cognitivo del niño.

La escuela a veces tiene la difícil tarea de detectar estos casos donde las dificultades para aprender empiezan a mostrarse, abordarlos con las familias para que éstas puedan buscar el asesoramiento adecuado y llegar a un diagnóstico que les permita comprender exactamente cómo tratar el caso puntual de su hijo.

La educación pública en Uruguay tiene lineamientos muy claros en políticas inclusivas que promueven y favorecen la integración e inclusión de niños con necesidades específicas de apoyo educativo así como de distintos tipos de discapacidad en escuela comunes. Es decir, además de existir escuelas especiales, existen distintos programas y dispositivos que privilegian la posibilidad de que las escuelas comunes reciban y formen niños con necesidades especiales y/o discapacidad.

En este punto es donde la pobreza y específicamente la pobreza infantil y el pleno desarrollo cognitivo durante la infancia deberían ser, a mi criterio, prioridades absolutas para el Estado.

De acuerdo al INE (Instituto Nacional de Estadística Uruguay) en 2025, el índice de pobreza multidimensional alcanzó un 16,6% de la población uruguaya, pero el dato que impacta como un misil es que entre los menores de 6 años la pobreza asciende al 29,1%, 27,3% en niños entre 6 y 12 años y 26,5% niños entre 13 y 17años. Dicho de otra manera, 3 de cada 10 niños menores de 6 años vive bajo la línea de pobreza y 220.000 niños/as y adolescentes viven bajo la línea de pobreza. Para entender mejor qué es la pobreza multidimensional, esta ocurre cuando se verifican al menos 4 privaciones de los 15 indicadores que miden: educación, condiciones habitacionales, servicios y bienestar de la vivienda, protección social, empleo. Cuando hablamos de pobreza infantil ésta no se limita únicamente a la falta de dinero, sino a la acumulación de privaciones que condicionan la vida cotidiana y las oportunidades de desarrollo.

La condición de vulnerabilidad en la que muchas familias viven establece una condición de base que luego la escuela intenta amortiguar para que esos niños accedan al derecho de una educación de calidad y así poder desarrollarse plenamente a lo largo de su vida. Hablando con un director de escuela primaria con quien ya he tenido oportunidad de conversar sobre temas de educación y la escuela como refugio, me contaba que la tarea de los docentes era incansable, muchas veces agotadora, para asegurarse de que nadie quede atrás. Hay escuelas que llegan a tener entre 10 y 15% de sus estudiantes con algún tipo de necesidad específica de apoyo educativo (de los cuales no todos cuentan con un diagnóstico médico sobre su condición), esto significa unos 3 a 4 estudiantes en una clase de 25 alumnos.

La mayoría de los casos son trastornos que pueden requerir apoyos específicos, como TDAH, TEA, trastornos del lenguaje, dicción, dislexia, discalculia, entre los más habituales.  Cada uno de ellos a su vez, puede presentar condiciones muy distintas entre si y requerir adaptar las consignas, las formas de evaluar y la forma de enseñanza para que el aprendizaje pueda ocurrir.

Hay algo que debemos poder ver con claridad. La primera barrera para aprender no tiene que ver con la escuela, sino con esos primeros años de vida del niño, su alimentación, su estimulación temprana y en qué condición llega a la educación inicial y luego primaria.

Cuidar el desarrollo cognitivo de los niños debería ser una prioridad del Estado, para lo cual, la pobreza infantil es el primer gran obstáculo para lograrlo.

Necesitamos una sociedad que incluya a todos y cuando las estadísticas económicas tratan la pobreza infantil como un indicador más, cualquier política inclusiva necesariamente va a llegar tarde para muchos niños. Inclusión también es reducir las desigualdades, empezando por garantizar el derecho de todo niño a una alimentación adecuada.

Cuando el niño ingresa al sistema escolar, obligatorio recién a partir de los 4 años, ya podría contar para ese entonces con un déficit que lo marque de por vida. Hay un activo que no estamos cuidando como sociedad de manera adecuada y es el capital cerebral, tal como lo define el 2do. Encuentro de la Alianza Internacional de Salud Cerebral, ¨es la salud neurológica y mental, y la fortaleza de las capacidades cognitivas, emocionales y sociales que hacen posible que ese conocimiento se active, se aplique y genere valor¨. El neuropediatra Gabriel G. Ravelino destaca ¨que la primera infancia- en especial los primeros 1.000 días- es un período crítico para el desarrollo cerebral ya que en esos primeros tres años se forma el 90% del cerebro¨, asimismo destaca que

el neurodesarrollo depende de la nutrición, el nivel socioeconómico, la salud materna, la estimulación y la exposición a tóxicos.

Las brechas en desarrollo cognitivo se abren en los primeros años de vida y tienen relación directa con las diferencias sociales previas al ingreso escolar. De acuerdo a la OMS, la falta de hierro en etapas críticas de la gestación y primera infancia pueden reducir el coeficiente intelectual, afectar la memoria y el rendimiento escolar. Además de las diferencias de condiciones nutricionales, la falta de estimulación y el contexto social luego afectan el rendimiento escolar y posteriormente las oportunidades laborales, creando un ciclo difícil de romper.  

A la pregunta de ¿qué le pasa al niño que le cuesta aprender?, existe una nueva pregunta que debemos hacernos seriamente ¿qué debemos cambiar como sociedad para que todos los niños puedan aprender y desarrollarse plenamente? Está claro que un niño con hambre o con desnutrición, no puede aprender de la misma manera que uno cuya alimentación es adecuada.

Unicef establece que los dos primeros años de viva del niño constituyen un período crítico para el desarrollo cognitivo, del lenguaje y de las habilidades sociales y emocionales. Y este desarrollo depende en gran medida de una buena nutrición y experiencias emocionales enriquecedoras. Como un niño vive esos primeros 2 años genera un impacto único que lo acompañará toda su vida.

Uruguay cuenta con muy buenas herramientas, dispositivos y programas inclusivos para atender a los niños que manifiestan dificultades para el aprendizaje, el Plan Ceibal, la Red Mandela, los maestros de apoyo, etc. Pero para muchos niños, esta ayuda llega tarde.

Una sociedad que integra, que se considera inclusiva, permite que todos pueden desarrollarse y aportar lo suyo a la construcción de su comunidad. Si podemos reducir las desigualdades más básicas como el acceso a una alimentación adecuada desde los primeros años de infancia, la inclusión puede convertirse en realidad, y dejar de habitar las entelequias discursivas. Hemos naturalizado la pobreza infantil y las enormes consecuencias que esta trae para la persona a lo largo de su vida, la brecha de oportunidades que tendrá la persona es bien concreta y así y todo, hemos aprendido a convivir con este indicador social como si fuera simplemente uno más como la inflación o el PBI. Ya es tiempo de dejar las excusas atrás y concentrarnos en erradicar la pobreza infantil como primera gran barrera para una sociedad más justa e inclusiva.  Posiblemente la verdadera inclusión deba comenzar mucho antes del ingreso del niño al salón de clases, sino cuando como sociedad decidimos que ningún niño llegue a la escuela cargando una pesada mochila de desigualdad.

Fuentes y bibliografía

* El valor humano. El cerebro humano como activo irreemplazable en la era de la inteligencia artificial. 2do. Meeting of the International Alliance on Brain Health. 2026.
* Canal 5 Noticias. El INE divulgó datos sobre pobreza y desigualdad en Uruguay | Análisis económico de Luis Custodio. 21/4/2026
* https://www.unicef.org/uruguay/infancia-en-datos/pobreza-infantil/
* Redlann lanza proyecto con foco en los primeros 1.000 días para proteger la salud cerebral en la primera infancia. Agencia Uruguaya de Cooperación Internacional. 23/6/2026

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