Inicié la investigación para esta columna pensando en escribir sobre el bullying, un tema que quizás por mi historia personal, me produce mucho enojo y me afecta. Pero después de conversar con varios directores de escuelas primarias y liceos del departamento de Maldonado, escuchando sus testimonios y experiencias, me di cuenta de que ese enfoque de la violencia en los niños era muy limitado, sin desmerecer el estrago que produce el bullying. Me choqué con una realidad diferente y debo agradecer a una experimentada directora de liceo público de Maldonado, que decidió poner las cosas en su lugar de entrada y me dijo de frente «El bullying no es el problema principal de la violencia que afecta a los chiquilines, ellos sufren problemas mucho más graves como salud mental e intentos de autoeliminación». En realidad, muchas niñas, niños y adolescentes llegan a la escuela o liceo cada día con una carga mucho muy pesada: hambre, abandono, violencia familiar, carencias. Y la escuela, con sus recursos limitados, termina funcionando como contenedor de una realidad que el sistema intenta pero no logra sostener.
Un panorama nacional que desborda
Los datos recientes son elocuentes. En 2024, el SIPIAV (sistema integral de protección a la infancia y adolescencia contra la violencia) registró e intervino en 8.924 situaciones de violencia hacia niñas, niños y adolescentes en todo el país. Eso equivale a un promedio de 24 casos por día, casi 10% respecto del año anterior.
De ese total, el 38 % correspondió a adolescentes de entre 13 y 17 años (tramo que acumula la mayor cantidad de denuncias por segundo año consecutivo); el 17 % afectó a la primera infancia (0 a 5 años). Del total de afectados en la franja 13 a 17 años, el 60% son niñas y adolescentes mujeres, y 40% de varones.
El tipo de violencia más frecuente es el maltrato emocional (38 % de los casos), seguido por negligencia (23 %), violencia sexual (22 %) y maltrato físico (17 %).
A su vez, si analizamos el tipo de violencia según género, vemos que maltrato emocional, físico y negligencia no varían según género, mientras que violencias sexuales se manifiestan 78% en niñas y adolescentes mujeres y 22% en varones.
Y es preocupante que, en la gran mayoría de los casos, 90 % según SIPIAV, los agresores pertenecen al círculo familiar o de convivencia del niño/a, particularmente en casos de violencia sexual.
Otro dato no menor es que 9 de cada 10 situaciones violentas registradas era recurrente y 3 de cada 4 se detectaron cuando ya eran situaciones crónicas (estaban ocurriendo hacía más de 6 meses). De más está decir que cuanto más tarda el sistema en detectar las situaciones de violencia infantiles, más daño recibe la víctima, por ende, mayor impacto negativo en su salud mental.
Estos datos, ya de por sí graves, sólo reflejan los casos que el sistema pudo capturar y atender. Sería razonable suponer que muchos casos, aquellos no atendidos o registrados, siguen invisibilizados, no atendidos.
Maldonado: población creciente, recursos magros
Maldonado es un departamento con un crecimiento demográfico sostenido en los últimos años. Pero ese aumento poblacional no fue acompañado por una expansión equivalente en recursos para salud, asistencia social, salud mental o educación.
Desde las escuelas y liceos, los testimonios coinciden: los equipos de orientación, psicología, asistentes sociales, psiquiatría infantil, son insuficientes frente a la demanda real.
En un liceo con alrededor de 2.000 estudiantes, por ejemplo, hay apenas una psicóloga, una articuladora territorial y una orientadora pedagógica para atender crisis, emergencias, acompañamiento, orientación: diría que por donde se lo mire es insuficiente. A su vez, los educadores como primera línea de contención real, absorben día a día esas realidades en los niños y con vocación y coraje intentan dar respuesta, quedando atrapados muchas veces entre la falta de recursos provistos por ¨el sistema¨ y las carencias que presentan los niños/as y jóvenes.
En escuelas consideradas de contextos más vulnerables, quintiles 1 y 2 (según la segmentación socioeconómica de ANEP), la situación es aún más crítica. Hay centros educativos que ofrecen desayuno, almuerzo y merienda: muchos estudiantes llegan con hambre, si, con hambre. Algunos niños/as o jóvenes viven con hermanos, tíos, abuelos, o con terceros, porque sus padres han perdido la custodia legal. Hay hogares donde la violencia es moneda corriente: la violencia verbal o física, la negligencia, el abandono emocional, el abuso.
Los casos de bullying o acoso existen, en esto diría que coinciden casi todos los directores de escuela o liceo consultados, solo que en algunos institutos los problemas de los niños/as y jóvenes son mucho más graves y reflejan las carencias o abusos con los que llegan a la educación formal. Varios responsables de liceos de Maldonado coincidieron y manifestaron que, lo que más preocupa hoy no es un conflicto entre estudiantes sino una crisis de salud mental creciente: donde ansiedad, depresión, incluso intentos de autoeliminación son cada vez más comunes.
La escuela como espacio de contención
Para enfrentar esta situación, existen políticas y programas oficiales como por ejemplo, el programa Escuelas Disfrutables, que prevé la presencia de psicólogo/a y asistente social cuando hay emergencias o para intervenir mediante talleres psicosociales, y el protocolo Mapa de Ruta contra la Violencia y Bullying de ANEP, diseñado para orientar la actuación frente a situaciones de violencia, abuso o maltrato detectadas en centros educativos. Además de los recursos nacionales, también existen recursos que provee la Intendencia a través de su Dirección de Integración Social, con un equipo liderado por un psicólogo y un staff de asistentes sociales que dan asistencia en el Departamento, muy especialmente en temas relacionados con bullying a través de talleres en escuelas tanto a niños como a sus grupos familiares y docentes.
Pero el problema fundamental no es la ausencia de guías o protocolos sino la escasez crónica de recursos humanos y de infraestructura para sostenerla.
Cuando en un liceo con más de 2.000 alumnos hay sólo una psicóloga, lo que se puede hacer ante múltiples casos de trauma, abuso, vulneración es insuficiente. Cuando una escuela de un barrio vulnerable ofrece desayuno y almuerzo, no alcanza para cubrir la inseguridad alimentaria estructural.
El volumen de situaciones, la cantidad de niños que llegan con hambre, con miedo, con señales de violencia, supera por mucho lo que un equipo mínimo puede atender. Muchos niños no tienen redes de contención, no tienen un hogar seguro, y en este contexto la escuela se convierte en su refugio, tal vez el único, pero ese refugio está al borde del colapso.
La violencia emocional, física, de abandono deja marcas profundas: ansiedad, depresión, miedo, autoexigencia, desesperanza. En ese contexto, la escuela puede ser el único espacio de contención, de rutina, de reconocimiento. Pero sin acompañamiento profesional suficiente, muchos niños/as y jóvenes quedan desatendidos.
A nivel nacional, la problemática de salud mental se expresa también en cifras de suicidio. En 2024, se reportaron 764 muertes por suicidio en Uruguay, de los cuales, se registraron 3 menores de 10 a 14 años, y 32 en la franja entre los 15 y 19 años
Si bien en Maldonado las cifras absolutas no son las más altas del país, la presión social, la vulnerabilidad, la falta de servicios, hacen que la prevención y detección temprana sean urgentes.
Pero hay que tener algunos reparos con las cifras porque los intentos de autoeliminación, los trastornos emocionales, las conductas de riesgo, las autolesiones, los jóvenes que “no aguantan más”, muchas veces no llegan a los registros oficiales. Pero esas historias atraviesan las aulas, los pasillos, los recreos: piden ayuda frente a tanta impotencia, lloran en silencio, y finalmente desaparecen del listado de asistencias.
La escuela o liceo público de Maldonado, y en general en Uruguay, ya no es solo un espacio de enseñanza. Es también comedor, espacio terapéutico, centro de derivación social, red de contención.
Profesores, orientadores, directores y psicólogos adoptan funciones que van más allá de su rol: madre, amigo, terapeuta, mediador, orientador. Es decir hoy la escuela y el liceo son por excelencia la primera línea de batalla contra la violencia infantil y todas las dolencias y padecimientos que produce, y la pobreza en determinados grados produce una violencia con efectos inmediatos sobre los niños, porque afecta a todo su entorno familiar y social.
Cuando una niña llega con hambre, la escuela le da desayuno. Si ese hogar es inestable, la escuela gestiona seguimiento con un maestro comunitario. Si hay señales de maltrato, la directora activa el protocolo del Mapa de Ruta de ANEP. Si aparece una crisis emocional, la psicóloga intenta contener. Pero cada recurso es limitado, no así la demanda, que crece de forma sostenida y preocupante.
En mi opinión, es como ir a una guerra, pero con una cuchara como arma.
El sistema de cuidado, protección, salud, bienestar, entrega pocas armas. Las escuelas intentan contener la emergencia con lo mínimo: buena voluntad, creatividad, humanidad, disposición, empatía y una enorme vocación hacia esos jóvenes que tienen delante quienes necesitan toda la ayuda que puedan conseguir. Pero ¿quién contiene a los educadores y maestros?
La violencia, en tanto fenómeno de alta complejidad social, está vinculada a numerosos aspectos de la sociedad de la que forma parte el individuo. Indudablemente, la pobreza severa y las carencias asociadas inciden directamente en su aparición, desarrollo, tipo y magnitud. Pero es importante dejar claro que no todo entorno de pobreza implica violencia, eso sería estigmatizar la pobreza. En algunos entornos de pobreza y alta vulnerabilidad, la violencia - la negligencia severa y la violencia física o verbal- se vuelve parte del paisaje cotidiano. Y es ahí donde la escuela termina haciendo de contención, refugio y restauración emocional.
Debemos tener en cuenta que esta crisis se produce en una de los momentos de mayor expansión económica del departamento de Maldonado en su historia y en un muy buen momento económico del Uruguay. Posiblemente nunca se estuvo mejor para poder implementar una política precisa y poderosa para enfrentar esta epidemia. La economía del departamento de Maldonado crece sin parar, mucha gente ha podido cambiar su situación económica como efecto de ese crecimiento, pero hay muchas familias para las cuales “el efecto derrame” no llega y no sabemos si alguna vez va a llegar. Sin embargo, nunca estuvimos en un mejor momento que este para enfrentar el problema, la economía creciente puede proveer los fondos necesarios para los recursos que hoy no existen y son indispensables.
¿Qué debería cambiar?
No alcanza con reconocer la violencia y activar protocolos. Hace falta:
- Reconocer y visibilizar que existe una crisis nacional sin precedentes relacionada con la violencia y la salud mental de niñas/os y adolescentes y declarar la emergencia correspondiente, para que las autoridades nacionales y departamentales puedan tomar decisiones económicas y logísticas en el marco legal y social adecuado a la situación que viven los niños/as y adolescentes. Antes que nada: dar de comer adecuadamente a esos niños/as, adolescentes y a esas familias. Si los niños no pueden comer adecuadamente en las etapas de su desarrollo, esas deficiencias no podrán ser compensadas nunca más, sin importar lo que se haga, nunca serán iguales a otros niños. No podemos permitir ese tipo de desigualdad, no en nuestro país.
- Creación de un equipo nacional interdisciplinario formado por especialistas, que asesoren al presidente, al Congreso y a la Justicia, para proceder de manera orgánica, informada, diligente y veloz abarcando todas las manifestaciones del problema. Invertir decisivamente en recursos especializados. Psicólogas/os, psiquiatras infantiles, asistentes sociales, orientadores pedagógicos, con presencia estable y suficiente para atender la demanda real en cada centro para trabajar con estudiantes, sus familias y docentes.
- Reconocer y hacer pública la urgencia. Por lo cual la acción debe tener grado de intervención. Cada día que el recurso necesario no llega, cada niño que no es contenido, cada historia que queda desatendida, representa una infancia o juventud dañada. Cada intento de autoeliminación fue una alerta desatendida.
- Reconocer y fortalecer el rol de la escuela como espacio de cuidado, no solo de educación formal. Los programas como Escuelas Disfrutables deben dejar de ser excepcionales, de “emergencia”, y volverse sostenibles, permanentes, con presupuesto y equipo acordes a cada institución.
- Construir redes interinstitucionales efectivas y coordinadas que incluyan los recursos nacionales y los departamentales. Salud, educación, protección social, servicios de acompañamiento, políticas de infancia, todas deben articular para atender los casos que llegan a la escuela/liceo.
- Visibilizar lo invisible. Que los datos nacionales y departamentales, los del SIPIAV, los de salud mental, los de suicidios, dejen de ser estadísticas, y se traduzcan en historias, en voces concretas donde el sistema falló. Que estas historias evidencien que es un problema social que nos afecta a todos y no sólo a la víctima. Faltan enfoques integrales que abarquen escuela, familia y comunidad.
- Que se conforme un observatorio nacional formado por los más capacitados profesionales en la materia, para hacer un seguimiento cercano y científico de la niñez, la adolescencia y la violencia, que permita tener información veraz y verificada por métodos científicos que monitoreen la situación en todo el país y los efectos de las políticas públicas en la materia, para poder tener rápida acción y reacción ante las situaciones fluctuantes de este epidemia.
Una voz que apuesta al refugio
A muchos nos cuesta imaginar la escuela como un refugio contra el sufrimiento. Preferimos verla como un espacio de libros, de tareas, de recreos, de aprendizaje. Pero la realidad se encarga de mostrarnos otra cosa: en los pasillos de las escuelas de barrios vulnerables, hay niños que reciben su merienda antes de volver a una casa donde no hay comida. Hay adolescentes cuyos ojos revelan un sufrimiento que ninguna estadística puede registrar. Hay docentes que cada día absorben más funciones, maestros, psicólogos, madres, tutores, con herramientas y respaldo insuficientes.
La escuela, a pesar de todo, sigue intentándolo, es más muchos directores, maestros, psicólogos, asistentes sociales y otros servidores públicos, están dando una batalla excepcional, en muchos casos al costo de su propia salud y estabilidad. Pero aún así, estamos enfrentando a un monstruo con una cuchara.
Y esa contradicción, una sociedad que mira para otro lado, una comunidad educativa que quiere contener, un sistema que no provee lo suficiente y necesario porque no entiende, porque no ve el problema, ni se percata de los efectos brutales de ignorarlo, produce una herida abierta y feroz en la infancia y en la juventud uruguaya.
Reconocerlo y dar respuesta no es opción: es nuestra obligación y espacialmente la de las personas que fueron elegidas para gobernarnos.
Porque si no cuidamos lo más frágil, nuestros niños/as y adolescentes, no estamos cumpliendo nuestra obligación con los más débiles. Si no reaccionamos ahora no es el futuro el que está en riesgo como se dice en tantos discursos políticos, lo que está en juego son las vidas de Nicolás, Virginia, Gabriel, Mariana, Alejandro, y otros muchos que tienen nombre y apellido y que son de los nuestros, son nuestra gente y los estamos dejando atrás, cada vez más, hasta que ya no puedan seguir. Si no reaccionamos ahora mismo, es porque decidimos, por acción u omisión, abandonarlos.
Está violencia está ocurriendo ahora, alrededor nuestro, ¿qué hacemos?. ¿Cuál es tu opinión?
En Uruguay podés recibir apoyo gratuito en éste número telefónico provisto por el Ministerio de Salud Pública: Línea de Apoyo Emocional 0800 1920
• ¨Sipiav presentó el informe de gestión 2024¨. 25/4/2025. inau.gub.uy+2Gobierno del Uruguay+2
• ¨Informe de Sipiav registró 24 situaciones diarias de violencia hacia niñas, niños y adolescentes en 2024¨. 25/4/2025. Presidencia de Uruguay. Comunicación. Noticias.
• ¨Suicidio en Uruguay: 764 personas se quitaron la vida en 2024 y hubo 910 intentos más que en 2023¨. 17/7/2025. Diario El País.
• Mapeo de Oferta y Dispositivos de la ANEP. www.anep.edu.uy
• Entrevistas con directores de escuelas y liceos de Maldonado
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