Jugando a ser dioses: la edición genética

El autor explora cómo el sueño de perfección, un ideal subjetivo y peligroso, se oculta detrás de los avances en edición genética, planteando dilemas éticos explosivos.

Jugando a ser dioses: la edición genética

Recientemente, llegó a los medios la noticia que una empresa biotecnológica había logrado un hito impresionante en el campo de la "desextinción": utilizando ADN antiguo y técnicas avanzadas de edición genética, lograron recrear características del lobo terrible (*Canis dirus*), una especie extinta hace más de 10,000 años.

El proceso incluyó la extracción de ADN de fósiles de lobos terribles, como un diente de 13,000 años y un cráneo de 72,000 años. Luego, identificaron genes clave que diferenciaban a esta especie del lobo gris moderno y los editaron en células vivas mediante la tecnología CRISPR. Esto permitió crear embriones viables que fueron implantados en madres sustitutas, resultando en el nacimiento de tres cachorros: dos machos llamados Rómulo y Remo, y una hembra llamada Khaleesi.

Aunque no son clones exactos, estos cachorros presentan rasgos distintivos del lobo terrible, como mayor tamaño, pelaje denso y claro, y una complexión robusta. Actualmente, viven en una instalación privada bajo estrictas medidas de seguridad.

Este avance ha generado tanto entusiasmo como debate en la comunidad científica, ya que plantea preguntas éticas y prácticas sobre la desextinción y su impacto en la conservación de especies actuales.

CRISPR: LA EDICIÓN GENÉTICA

¿En qué consiste?

El método CRISPR (Repeticiones Palindrómicas Cortas Agrupadas y Regularmente Inter espaciadas) es una tecnología revolucionaria de edición genética que permite modificar el ADN de organismos con una precisión impresionante. Funciona como unas "tijeras moleculares" que pueden cortar secuencias específicas de ADN, permitiendo eliminar, insertar o modificar genes.

Este método es utilizado en diversos campos como la medicina, la agricultura y la investigación científica, con aplicaciones que van desde tratar enfermedades genéticas hasta mejorar cultivos. Sin embargo, también plantea debates éticos sobre su uso y posibles consecuencias.

¿QUÉ APLICACIONES TIENE?

El objetivo de la edición genética es manipular el ADN de un organismo para obtener beneficios específicos, resolver problemas biológicos o explorar nuevos horizontes científicos.

Quienes promueven el desarrollo de esta nueva técnica se plantean diversos propósitos y lo ven como una oportunidad para, por ejemplo, corregir mutaciones genéticas que causan enfermedades como la fibrosis quística o la anemia falciforme, o incluso prevenir condiciones hereditarias antes de que se manifiesten.

Otros, en aras de bregar por la conservación ambiental, lo ven como una opción para proteger especies en peligro de extinción mediante la desextinción o la mejora de su adaptabilidad al entorno cambiante.

En sectores como la agricultura y alimentación, sus defensores trabajan para optimizar cultivos y animales para que sean más resistentes, nutritivos y eficientes, como plantas resistentes a plagas o animales que requieren menos recursos.

En términos de investigación científica y desarrollo biotecnológico permite comprender cómo funcionan los genes y cómo influyen en los procesos biológicos, lo que a su vez impulsa descubrimientos en biología y medicina, así como podría ayudar a crear nuevos materiales, bio fármacos o microorganismos que puedan ser útiles en la industria, el cuidado de la salud o la generación de energía.

LOS CUESTIONAMIENTOS BIOÉTICOS

La edición genética, especialmente con tecnologías avanzadas como CRISPR, plantea varios cuestionamientos éticos que son objeto de intenso debate, en virtud de los riesgos incalculables que implica.

A modo de ejemplo, la modificación de embriones humanos alterando el ADN de embriones genera preocupaciones sobre los riesgos para la salud a largo plazo, posibles errores y la transmisión de cambios genéticos a futuras generaciones. También abre la puerta al concepto controvertido de "bebés de diseño".

Estas nuevas tecnologías, insertas en un modelo de desarrollo en base a grandes inversiones detrás y con esquemas que lógicamente buscan asegurar la protección de la propiedad intelectual generan conflictos en cuanto a su equidad y condiciones de acceso. Existe el temor de que estas tecnologías solo estén disponibles para ciertos sectores privilegiados de la sociedad, ampliando aún más las desigualdades sociales y económicas.

Ya conocemos los riesgos de la introducción de especies no nativas en un ecosistema. ¿Cuál podría ser el Impacto de introducir organismos vivos alterados genéticamente, como animales o cultivos?  Podría tener consecuencias imprevisibles en los ecosistemas, incluyendo desequilibrios que afecten a otras especies.

¿Hasta dónde es aceptable experimentar con la vida, incluso si es con fines científicos? Esto incluye la creación de organismos sintéticos o la desextinción de especies.

Hay preguntas sobre quién decide qué características genéticas son deseables o no, y si esto podría reforzar prejuicios culturales o sociales.

Estos dilemas resaltan la importancia de establecer regulaciones claras, fomentar un debate abierto y garantizar que los avances científicos se alineen con valores éticos universales.

En un mundo donde lo empresarial empieza a primar sobre las regulaciones de los estados, en tanto que las empresas se comportan como órganos supranacionales, ¿cuál es la posibilidad real de regular efectivamente la edición genética?

Ese es un tema complejo y profundamente relevante en el contexto actual, donde el poder e influencia de algunas empresas trascienden fronteras y en ocasiones superan la capacidad de los estados para regular.

La edición genética, al estar impulsada en gran medida por actores privados, enfrenta desafíos específicos en cuanto a su regulación.

Analizando esto, entiendo plantear algunas consideraciones para entender el problema:

Falta de uniformidad en las leyes internacionales: La regulación efectiva requiere cooperación global, pero actualmente no hay un marco universal vinculante que controle la edición genética. Empresas multinacionales pueden operar en países con regulaciones más laxas, evitando restricciones impuestas en otros lugares.

Innovación versus control: Los estados suelen tener dificultades para equilibrar el fomento de la innovación tecnológica con la necesidad de proteger los intereses públicos. Las empresas privadas a menudo se encuentran en posiciones de ventaja, presionando para evitar regulaciones estrictas que podrían frenar sus avances.

Recursos limitados de los estados: Las empresas tecnológicas suelen contar con recursos y conocimientos que superan los de los estados, lo que dificulta que estos últimos fiscalicen adecuadamente sus actividades, especialmente en sectores altamente especializados como la biotecnología.

Regulación mediante acuerdos voluntarios: En la actualidad, muchas iniciativas de autorregulación son propuestas por las propias empresas o consorcios industriales. Sin embargo, estas dependen de la buena fe de las partes implicadas y carecen de mecanismos efectivos de aplicación.

Presión pública y ética: Un factor clave en la regulación puede ser la presión social y los debates públicos. Cuando la sociedad toma conciencia de los riesgos o abusos potenciales, las demandas por una supervisión más estricta pueden obligar a los gobiernos y empresas a actuar de manera más transparente y ética.

Rol de los organismos internacionales: Aunque los organismos supranacionales como la ONU, la OMS o la UNESCO han propuesto principios éticos y marcos normativos, su capacidad para implementar regulaciones vinculantes es limitada.

En resumen, la posibilidad real de regular efectivamente la edición genética dependerá de una combinación de factores: cooperación internacional, participación de la sociedad, responsabilidad empresarial y el desarrollo de marcos legales ágiles y adaptables. Es un desafío enorme, pero no imposible, siempre que el debate ético y social siga siendo una prioridad.

EL DILEMA DE LA DESEXTINCIÓN

La desextinción es un tema fascinante que combina ciencia, ética y conservación, pero su "sentido" depende mucho del propósito y las implicaciones prácticas.

¿Cuál es el sentido de buscar “reproducir” una especia extinta hace miles de años?

En términos pragmáticos, tiene más sentido si se utiliza con un fin claro, como restaurar ecosistemas clave o aprender más sobre la vida y la evolución. Sin embargo, sin objetivos definidos y análisis cuidadosos, podría quedarse como un experimento científico costoso y controversial.

Sin entrar a enumerar los cambios en el ambiente que genera el hombre con la introducción de nuevas especies en su afán por modificar el paisaje o buscar producir alimentos, podemos citar dos ejemplos muy recientes para el Uruguay de especies que llegaron en forma imperceptible y que hoy están generando serios problemas: el mejillón dorado y el picudo rojo.

Estos casos nos muestran los riesgos que ya tenemos sin estar jugando a dioses con lobos antiguos o mamuts, o vaya a saber que berretín de un millonario excéntrico o el delirio de algún investigador sin autocuestionamientos éticos.

El mejillón dorado, bivalvo de agua dulce y de origen asiático, fue detectado por primera vez en Uruguay en 1991. Se supone que llegó en el alijo de barcos de carga desde el sudeste asiático, adaptándose rápidamente a las condiciones de los cursos de agua de Uruguay, especialmente por no contar con predadores que lo regularan.

Hoy es un problema real no solo en los ambientes naturales sino en los sistemas de riego, colonizando y tapando tomas de agua y bombas.

Más recientemente tenemos al picudo rojo. Este escarabajo, también con origen en Asia, (Rhynchophorus ferrugineus). se ha convertido en una de las plagas más destructivas para las palmeras en todo el mundo debido a su capacidad de propagación y adaptación. Su expansión global ha sido facilitada principalmente por el comercio de plantas ornamentales infestadas y la falta de medidas de cuarentena estrictas.

Su larva vive dentro de las palmeras, específicamente en la base de las hojas y el tronco. Excava galerías y se alimenta del tejido interno provocando finalmente la muerte de la palmera. Sus primeras “víctimas” fueron las Phoenix canariensis. Hoy ya hay registros de su adaptación y daños a palmeras nativas como las pindós.

Alguien seguramente se preguntará, ¿que tienen que ver el mejillón dorado o el picudo rojo con el lobo terrible?

Al mismo tiempo no tiene nada que ver, pero también tiene mucho que ver, pues es un claro, simple y reciente ejemplo de lo que, una especia exótica sin predadores nativos que aseguren su control biológico, llega a un nuevo y distante ambiente, a pesar de los cada vez más exigentes controles fitosanitarios, se adapta, se establece y comienza a generar un desastre para el cuál no hay hoy una solución efectiva.

Cuando vemos los problemas que los humanos solitos nos generamos con la introducción de especies exóticas en ecosistemas en los que no tienen un control biológico, ¿tiene sentido jugar a la desextinción?

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