La idea de asignar nombres y colores a distintos enfoques económicos surge de la necesidad de diferenciar modelos y principios dentro del sistema económico global. Estos nombres suelen reflejar la naturaleza o el propósito de cada enfoque, facilitando su comprensión y comunicación.
El primer ejemplo fue el concepto de economía verde, enfocada en la sostenibilidad ambiental y la reducción de la huella de carbono. Este concepto tiene con el tiempo un “up grade” a través de la economía azul de Gunther Pauli que aboga por un uso eficiente de los recursos sostenibles.
La economía naranja surge como un concepto que está vinculado a la creatividad, el arte y la cultura. Se refiere al conjunto de actividades económicas que transforman ideas en bienes y servicios de carácter cultural y creativo. Su valor radica en la propiedad intelectual y abarca sectores como el arte, el diseño, la música, el cine, los videojuegos, la publicidad y la arquitectura.
Además de generar ingresos, la economía naranja fomenta la diversidad cultural, la identidad nacional y la innovación.
La economía plateada es el conjunto de actividades económicas relacionadas con el envejecimiento de la población y las necesidades de las personas mayores. A medida que la esperanza de vida aumenta y la proporción de adultos mayores crece, este sector se convierte en una oportunidad para el desarrollo de productos y servicios específicos, como salud, turismo, tecnología, vivienda y entretenimiento.
Saliendo de los colores, con antecedentes en lo verde y lo azul, la economía circular apuesta a minimizar el desperdicio y maximizar la reutilización.
Estos conceptos ayudan a agrupar ideas y generar conciencia sobre distintas formas de desarrollo económico, permitiendo a gobiernos, empresas y ciudadanos tomar decisiones alineadas con sus objetivos.
LA ECONOMÍA CIRCULAR
La economía circular es un modelo de producción y consumo que busca reducir el desperdicio y aprovechar al máximo los recursos disponibles.
En lugar de la tradicional economía lineal de "usar y tirar", la economía circular promueve la reutilización, la reparación, el reciclaje y el diseño sostenible de productos.
La circularidad de la economía tiene como objetivo una solución a determinados residuos de la actividad industrial, comercial o agrícola-ganadera, buscando que se transformen en materias primas para otros procesos.
EJEMPLOS DE ECONOMÍA CIRCULAR EN URUGUAY
En Uruguay existen múltiples ejemplos de economía circular. Voy a citar 2 emprendimientos exitosos que se diferencian bastante en su tamaño, su grado de madurez y en el aporte real a solucionar el problema planteado.
EL PROBLEMA DE LOS SILOBOLSAS EN EL CAMPO
Existe un exitoso emprendimiento que transforma residuos agropecuarios, como las silobolsas, en productos reutilizables como bolsos, materas, fundas para tablas de surf, etc.
El emprendimiento nació durante la pandemia, cuando su fundadora, identificó la problemática de los residuos rurales y la falta de empleo para mujeres en zonas rurales. Desde entonces, la empresa y se ha convertido en un referente en la gestión de residuos y la producción sostenible, además de promover la inclusión social en tanto que genera empleo para mujeres en situación vulnerable en localidades rurales.
Su enfoque combina impacto ambiental, social y económico dentro de la economía circular.
LA SANGRE DE LOS FRIGORIFICOS
Desde hace más de 25 años, una empresa uruguaya especializada en la producción de proteínas y aminoácidos para la alimentación animal, recolecta y procesa la sangre generada en el proceso de faena de los frigoríficos.
A lo largo de los años, ha incorporado nuevas tecnologías para mejorar sus productos y expandirse a mercados internacionales. Su enfoque se basa en la innovación y el desarrollo de soluciones eficientes para la industria agropecuaria.
Sus productos tienen destino en mercados externos, logrando una combinación ideal en cuanto que un residuo de la industria frigorífica es transformado en un producto y este producto se exporta, generando el ingreso de divisas.
LOS DESAFIOS DE LA ECONOMÍA CIRCULAR
Los ejemplos citados demuestran como en Uruguay, a partir del esfuerzo de emprendedores locales se han desarrollado empresas con distinto nivel de éxito e impacto económico.
La economía circular aparece como la solución a todos los problemas. Como una expresión de deseo se enseña sobre ella en las universidades, se habla de la potencialidad de algunos residuos y de supuestas necesidades insatisfechas.
Tiene, aparentemente, el potencial de resolver muchos problemas ambientales y económicos, pero no es una solución total por sí sola. Su impacto depende de cómo se implemente y del compromiso de gobiernos, empresas y ciudadanos.
Más allá de la idea romántica de eliminar residuos por su transformación en productos, se debe tomar en cuenta la realidad de las empresas y los emprendedores que se dedican a esto. Son procesos muy largos, con desarrollos científicos y tecnológicos a veces muy importantes, que implican una importante inversión ya sea en horas hombre como en tecnología, que tienen un grado de incertidumbre infinitamente más alto que otros emprendimientos en cuanto implican no solo desarrollar el producto sino crear el mercado y la necesidad para un producto que no existe aún.
Cuando nos alejamos de estas visiones románticas y teóricas que surgen de análisis un tanto simples de la potencialidad de la valorización de residuos, y nos acercamos a la realidad empresarial nos encontramos que los costos son mayores a los teóricos, el mercado para ese nuevo producto quizás no exista, y es posible que tengamos un nuevo residuo que debemos estudiar como disponer o utilizar y que también tendrá costos asociados.
Cuando analizamos los resultados concretos de alguna de las iniciativas exitosas, vemos cómo en algunos casos es un sorbo de agua en el desierto.
Los dos ejemplos que cité son empresas exitosas, con orígenes distintos y con un grado muy distinto de aporte a la solución del problema.
En el caso de los silobolsas como problema a resolver, encontramos a Campo Limpio como una asociación que gestiona envases de fertilizantes y agroquímicos. Durante el 2024 recibió aproximadamente 220 toneladas de silobolsa, que no es el total del residuo existente. El emprendimiento nombrado (de acuerdo con los datos aportados en su web) ha procesado unas 6 toneladas en 44 meses de operación.
Resulta que tenemos un emprendimiento ejemplar que aporta muchas cosas en tanto que motiva y puede contagiar, genera oportunidades de trabajo interesantes a gente del campo, pero que por sí solo está lejos de resolver el problema.
En el caso de la sangre bovina, la empresa recolecta más del 50% de la sangre producida, estando en un proceso de ampliación de su planta que le permitirá absorber toda la sangre disponible.
La sangre que no puede ser recolectada, a partir de estrictos controles ambientales, debe ser tratada y dispuesta de manera que produzca la menor afectación al ambiente.
Este es un claro ejemplo de un caso muy serio de contaminación ambiental del siglo XX de una industria que es pilar fundamental de la economía uruguaya y que tiende a ser resuelto con un resultado económico muy positivo.
En el primero de los casos, la iniciativa es exitosa, pero apenas resuelve el 1% del problema, en el segundo es una solución exitosa que apunta a resolver el problema en un porcentaje muy alto.
¿Qué puntos en común tienen ambos y qué los diferencia?
Queda claro que ambos emprendimientos buscan resolver la disposición final de un residuo. Los diferencia el grado de resolución del problema: mientras uno busca darle un segundo uso a un plástico, el otro resuelve el problema en forma definitiva para el Uruguay: lo transforma en una materia prima de otros productos (raciones para animales) y además lo exporta.
Pero hay algo que los une y es el casi el nulo apoyo del estado a emprendimientos que aportan y mucho a resolver afectaciones ambientales. Esta falta de apoyo se refleja no solo en la falta de incentivos reales y específicos a este tipo de emprendimientos, sino en la falta de una mirada global como solucionadores de problemas.
EL PAPEL DEL ESTADO COMO PROMOTOR DE LA ECONOMÍA CIRCULAR
El Estado debiera jugar un papel clave en el desarrollo de la economía circular, tanto en la fiscalización de los procesos agrícolas e industriales como en la promoción de las soluciones a la generación de residuos y su disposición final, tratamiento o transformación, en tanto y cuanto su intervención puede generar condiciones favorables para que se lleven adelante proyectos empresariales innovadores.
Mediante el control de los procesos productivos el estado regula para garantizar que las empresas adopten prácticas sostenibles mediante la creación de normativas ambientales, las evaluaciones de impacto ambiental, la supervisión y sanciones, así como el estímulo a tecnologías limpias.
Por otro lado, la promoción de la economía circular debiera incluir incentivos fiscales, subsidios y financiamiento, educación y concientización, fomento de la innovación y alianzas con el sector privado en busca de desarrollar la colaboración con empresas para escalar soluciones circulares.
En nuestro país, los Ministerios de Ambiente y de Industria y Energía, así como otras instituciones como ANDE (Agencia Nacional de Desarrollo), ANII (Agencia Nacional de Investigación e Innovación), PCTP (Parque Científico y Tecnológico de Pando), LATU (Laboratorio Tecnológico del Uruguay), entre otros, han desarrollado iniciativas para fomentar la economía circular, promoviendo la reutilización de materiales y el desarrollo de tecnología sustentable.
La combinación de un fuerte control estatal de la producción y acumulación de determinados residuos, así como la obligación de llevar adelante distintas estrategias de mitigación del impacto mediante estrategias específicas de disposición final, puede generar condiciones favorables para emprendimientos de economía circular que desarrollen productos en aras de, no de obtener una rentabilidad atractiva, sino de reducir los costos de tratamiento.
Quizás la oportunidad está en que con la valorización de esos residuos se puedan generar ingresos que ayuden a reducir el impacto económico del nuevo tratamiento exigido o propuesto. A modo de ejemplo, si la disposición final de un determinado residuo nos sale $100, podemos pasar a un nuevo esquema basado en economía circular, que, si bien no es gratis, puede generar ingresos por $50, entonces el costo de tratamiento baja a la mitad.
Innovar en materia de economía verde, azul o circular es un proceso largo y costoso que no puede ser tratado como un emprendimiento más. Se lo tiene que mirar con la perspectiva del problema que soluciona y considerando los costos que tiene para la sociedad seguir sin una solución.
En resumen, la economía circular no es una fórmula mágica, pero sí es una herramienta poderosa para construir un futuro más sostenible.
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