Desde hace un tiempo, cualquier nuevo fraccionamiento o barrio privado de Maldonado tiene que tener el aval de OSE en cuanto a la provisión de agua potable y la conexión al saneamiento. Sin este aval, la cosa no camina.
Contrario al estancamiento del crecimiento de los habitantes de Uruguay, Maldonado no para de crecer. Según el último censo la población creció desde 2011 en un 23,7%. Por otro lado, el desarrollo inmobiliario continúa en expansión, según declaraciones del ex Intendente Antía, en su gestión se construyeron 5,4 millones de m2.
Tenemos una combinación peligrosa en la que los residentes permanentes no paran de aumentar y la disponibilidad de alojamiento para turistas también lo hace.
En una reunión organizada por la Liga de Fomento de Punta del Este en Junio de 2024 en el marco de la Mesa de Asociaciones, pude conversar con jerarcas de la Unidad de Gestión Descentralizada de Maldonado sobre el alcance del nuevo fideicomiso recientemente aprobado para la ampliación del saneamiento.
En esa reunión se explicó cuál es la política de OSE ante los nuevos desarrollos inmobiliarios y lo importante de las nuevas obras.
La conversación fue derivando hacia lo crítico que es la disponibilidad de agua para potabilizar, en tanto que la Laguna del Sauce es la fuente de principal de agua bruta para potabilizar. Según informes del Instituto SARAS, el 95% del agua potable distribuida en Maldonado proviene de ella.
La sensación que me quedó, y que creo así fue compartida por los demás asistentes, es que este fenómeno era “corrido siempre de atrás”. Las obras de infraestructura han estado detrás del desarrollo.
Probablemente tenga distintas explicaciones que pueden ir desde la asignación de recursos para el crecimiento de la red acorde con una planificación que tome en cuenta la tendencia del crecimiento a una escasa preparación de la empresa para la demanda creciente.
Muchas veces escuchamos que no se puede frenar el desarrollo, concepto sobre el que volveré más adelante.
En marzo de 2015 la Laguna del Sauce tuve un evento de cianobacterias que fue crítico y que significó un punto de inflexión en la comprensión de la dinámica del fenómeno. La crisis generada obligó a realizar importantes inversiones que han permitido minimizar los efectos negativos de esas floraciones y también obligó tener una mirada más amplia de la importancia del sistema Laguna del Sauce para el Departamento de Maldonado.
Por un lado, tenemos una fuente finita de agua y por otro un crecimiento continuo de la demanda.
Maldonado tiene un número importante de localidades, barrios y balnearios que continúan su desarrollo fuera de la premisa “es necesario que tengan agua potable y conectividad al saneamiento asegurado” pues son fraccionamientos que fueron aprobados hace muchos años.
Eso ya está. No necesita el aval de OSE, y los pozos de agua “deberían ser declarados” …
¿Cuan preparados estamos para el desafío que impone este crecimiento que sorprende y festejamos?
- Conectarse o no conectarse, el dilema de la conexión a la red de OSE
Cuando finalmente llega la red de OSE a un balneario, todos se revolucionan. El frenesí por la conexión a tan preciado recurso invade y cambia las prioridades de los vecinos. Consultas, reuniones, planes, esperanzas… luego una realidad difícil de entender.
A modo de ejemplo, el troncal de OSE está a unos 200 m de una vivienda.
Su propietario, se ilusiona y comienza un periplo que no imagina.
Primero llega la desilusión cuando le informan sobre el costo de llevar ese ramal hasta el frente de su casa. La inversión parece impagable, a modo de ejemplo, $300.000.
Pero vuelve a aparecer una esperanza: juntarse entre los vecinos de la cuadra y hacer el trámite en conjunto. Ya ese número no parece tan lejano, los vecinos conversan y acuerdan hacer el intento y, si se quiere, “consorciarse”.
El procedimiento por seguir consiste en pedir un presupuesto sobre la base de la conexión de los padrones involucrados. Pero cuidado… si en el proceso, alguno de los vecinos se arrepiente, se tiene que reiniciar… no vale el primer número, el proceso comienza de nuevo.
¿Supongamos que todos cumplen con su palabra, se avanza en el proceso y se contrata la extensión de ese ramal para conectarse a la red de agua potable, como sigue después?
Suponemos que todo termina con la vivienda conectada a la red. Parece que no.
Que el trámite de conexión a la red debe hacerse luego de que la red se haya extendido. La pregunta es: ¿a santo de qué alguien va a pedir la extensión del ramal si no es para conectarse a la red? Esta pregunta resulta en un misterio del universo, los funcionarios miran con sorpresa cuando se les pregunta.
Superamos esto, extendemos el ramal, luego hacemos la solicitud de conexión de la vivienda pagando el arancel correspondiente en ese momento, y toca esperar la soñada conexión a la red en un tiempo indefinido. Si, indefinido.
Somos optimistas, superamos todos los obstáculos y nos conectamos. ¡¡¡Finalmente tenemos agua potable!!!
Entonces vemos que, un nuevo vecino, que no participó del “consorcio” que solicitó y pagó la extensión del ramal decide conectarse a la red. Suponemos que luego de haberle financiado a una empresa estatal la extensión del ramal para que pueda finalmente vendernos su producto, esta empresa realiza, de algún modo, un reconocimiento del esfuerzo de los vecinos y reconoce un crédito para el futuro. En ese contexto, el vecino “no consorciado” deberá pagar su cuota parte del ramal y quienes lo financiaron tendrán algún tipo de retorno. Es un razonamiento lógico, de una claridad casi incuestionable.
Pues no. Para ese vecino el gozar de la extensión del ramal que los vecinos consorciados financiaron a la empresa pública para que pueda finalmente vender su producto tiene costo 0.
Insólito, pero real.
Parece que esta empresa no tuviera demasiado interés en aumentar su número de clientes buscando la colaboración y el financiamiento de vecinos en tener tal vital servicio.
Se obliga a que los nuevos proyectos tengan disponibilidad de agua potable pero no se hacen esfuerzos especiales para asegurar que los que ya están se conecten.
- El saneamiento
La segunda obligación de los nuevos desarrollos es llevar adelante las obras de infraestructura necesarias para conectarse al saneamiento.
Es lógico pensar en el futuro y asegurar que lo nuevo que se construya minimice la afectación al ambiente eliminando los pozos sépticos y la contaminación de la napa freática.
¿Pero… qué pasa con lo que ya está y está generando problemas?
¿Hay planes para mejorar y resolver lo que ya está?
¿Qué pasa con los barrios y balnearios que están ya consolidados o que siguen creciendo? ¿Hay planes para resolver esto?
La respuesta es categórica: NO.
Si la localidad, barrio o balneario tiene la fortuna que el saneamiento pase cerca, los interesados deberán “consorciarse” para llevar adelante el proyecto. Aún estando dispuestos a hacer la inversión, los pasos a seguir desestimulan al más proactivo.
- Antón pirulero… que cada uno atienda su juego: no frenar el desarrollo.
Vuelvo acá al concepto de “freno al desarrollo” que comentaba en los primeros párrafos. Es muy común escuchar de parte de algunos funcionarios y de dirigentes políticos este concepto. Incluso a veces se plantea como un gran logro que los desarrolladores se hagan cargo de las obras de infraestructura de los nuevos fraccionamientos y barrios privados. He llegado a escuchar a alguien decir que no se les puede pedir más.
¿Qué tiene que ver frenar o promover el desarrollo en las responsabilidades de áreas técnicas de un organismo o empresa que tiene que responder si podrá proveer o no el agua necesaria para distribuir?
¿Debe caer en las espaldas de un funcionario técnico esta responsabilidad? ¿Hasta cuando puede crecer Maldonado con la infraestructura actual? ¿Hay proyecciones y planes de desarrollo de nueva infraestructura? En todo caso debiera ser una decisión política de la dirección de la empresa el habilitar fraccionamientos que deberán ser abastecidos en el fututo, confiados que se desarrollará la infraestructura necesaria.
La situación del agua potable al este del arroyo Maldonado es crítica. Laguna Blanca es abastecida desde hace tiempo por la Laguna del Sauce pues viene perdiendo su capacidad de proveer agua bruta para potabilizar.
Esta pérdida de la capacidad se debe a múltiples factores que tienen que ver con el uso del agua de la Laguna Blanca para construir, el uso para riego y, la peor de las noticias, la compactación de la napa por las construcciones alrededor de ella.
Como nuevas fuentes de agua se habla del Arroyo San Carlos o incluso plantas de desalinización para el este del departamento.
Pero no se puede frenar el desarrollo, pues el pueblo de Maldonado necesita trabajo así puede seguir creciendo y creciendo en número.
Maldonado tiene un stock muy importante de lotes en balnearios y fraccionamientos con distinto grado de desarrollo. Algunos ya consolidados y otros donde el proceso de construcción de nuevas viviendas es cada vez más importante. En muchos de estos lugares hay red de agua potable, pero en muy pocos existe saneamiento y no hay planes para la conexión a él.
Cuando se decide resolver los problemas de financiamiento de estas obras de infraestructura obligando a que las lleven adelante los desarrolladores se apuesta a encaminar la solución de problemas del futuro, pero no del presente.
Esto sería fantástico si la situación actual se mantuviera estabilizada. Pero lejos está de estarlo. La urbanización de los distintos y antiguos loteos del departamento sigue aumentando sin que hayan planes concretos para su conexión al saneamiento, y sin planes que promuevan en forma eficiente la conexión a las redes de agua potable.
Probablemente se haya reducido la velocidad del crecimiento del problema, pero no se ha detenido.
Quizás las soluciones estén más cerca de lo que uno se imagina y con un poco de creatividad en la gestión comercial se puedan implementar.
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