Mujeres extraordinarias: Oriana Fallaci

Una mujer que estableció nuevos horizontes para las mujeres y la lucha feminista, que conquistó el complejo mundo de la prensa y los medios de comunicación del mundo entero.

Editor: Mg. María Solá / Consultora en enfoque de género: Lic. Teresa Blanco

Mujeres extraordinarias: Oriana Fallaci

En la historia del periodismo, pocos nombres resuenan con tanta fuerza como el de Oriana Fallaci. Su vida y su obra la colocaron como una de las figuras más provocadoras del siglo XX. Pero más allá de las polémicas que siempre la rodearon, Fallaci representa algo más: una mujer ferozmente independiente, que desafió no solo a los hombres de poder, sino al poder en todas sus formas y también a las convenciones que limitaban a las mujeres en el mundo de los medios y la comunicación, donde el machismo y la sumisión parecían ser las reglas no escritas. Hoy, al recordar su figura y su legado, la historia de Oriana Fallaci merece ser contada, no solo como la historia de una mujer extraordinaria, sino también como la historia de una mujer que encarnó y tomó como propia la improbable lucha por revelar la verdad, sin importar las consecuencias, y en muchas ocasiones pagó el precio de su osadía.

Oriana Fallaci fue una figura controversial de la cual seguramente encontraremos muchos detractores, los haters no son un invento de las redes, siempre existieron, y sus ideas siempre tocaban temas socialmente sensibles, de esos que la prensa no tocaba. Pero en este viaje por algunos momentos de su vida, hay algo que quiero puntualizar: la pasión, la inteligencia, el desenfado y el sentido de propósito de Fallaci transformaron todo lo que hacía en una causa relevante, importante no solo para las mujeres, sino importante para el mundo. Su lugar de comunicadora y su manejo extraordinario del lenguaje y los medios de su tiempo le otorgaron un poder único en la opinión pública, que aprovechó al máximo.

Su infancia transcurrió en la Italia fascista de Mussolini. Su padre era un activo partisano antifascista, que sin duda influyó en las ideas de Fallaci adolescente. Participó en la Resistencia contra la ocupación nazi en su región natal, se unió al movimiento clandestino de la Resistencia "Justicia y Libertad", viviendo en primera persona los acontecimientos de la guerra. Durante la ocupación de Florencia por los alemanes, el padre fue hecho prisionero y torturado y luego liberado, mientras ella se ocupaba del transporte de las municiones de una parte a otra del Arno, atravesando el río en el punto de seca, ya que los alemanes habían destruido los puentes. Por su activismo durante la guerra recibió, a los 14 años, el reconocimiento honorífico del ejército italiano.

La periodista

Autorretrato de Oriana Fallaci realizado en 1960. Foto: PD

Los inicios de su carrera fueron bastante comunes, sin nada especial que considerar, razón que la impulsó a probar suerte en Estados Unidos, donde trabajó para distintos medios y escribió artículos de sociales, de famosos para la prensa del corazón. Su primer libro en Estados Unidos, Los siete pecados capitales con prólogo de Orson Welles, cambió todo. A partir de allí se radicó definitivamente en EE.UU., en New York. Desde entonces su vida dio un cambio fundamental y comenzó a acceder a los trabajos más importantes de la actividad periodística. Trató especialmente el tema de la mujer en Medio Oriente. Su posición en relación al islamismo fue controversial y polémica. Después de los atentados de 2001, en una nota en el Corriere della Sera, la periodista escribió: “Nuestro enemigo no es Bin Laden, es el Corán, el libro que nos ha intoxicado”. Fue autora de innumerables libros, entre ellos, Carta a un niño que nunca nacióUn hombre,  Penélope en la guerra, La fuerza de la razón, Entrevista con la historia, La rabia y el orgullo, entre otros.

La guerra, el sufrimiento, el miedo y las situaciones extremas fueron su campo de batalla. Se enfrentó a dictadores, guerrilleros y líderes del poder mundial, armada con su inteligencia, su valentía, y, sobre todo, con su mirada crítica sobre el mundo. La guerra de Vietnam, el conflicto de Medio Oriente, la revolución iraní: Fallaci estuvo allí, con su cámara y su cuaderno, testificando la historia en carne viva. No se limitaba a ser una espectadora pasiva, sino que se adentraba en el corazón mismo del conflicto, desafiando no solo a los líderes que entrevistaba, sino también a las instituciones y sociedades que los mantenían en su lugar. Entrevistó a grandes personalidades como Mahatma Gandhi, Martin Scorsese, Frank Sinatra, Yasir Arafat, Henry Kissinger, Golda Meir, Bob Kennedy, el Ayatolá Jomeini, Mohammad Reza Pahlavi, Deng Xiaoping, Yves Saint Laurent, Cary Grant, Dalái Lama, Muamar el Gadafi, entre otros.

Ella sabía que el término "periodista" debía ser suficiente para calificar su trabajo. En una entrevista con Henry Kissinger, se le conoció por su audacia al enfrentarlo directamente, desafiarlo y darle la oportunidad de ver lo que significaba ser una mujer que no se dejaba intimidar. Kissinger, astuto y calculador, reconoció en ella a una mujer que no temía al poder, y que no se conformaba con las respuestas formuladas. En ese mismo momento, supo que estaba en problemas.

Fallaci estaba especialmente interesada en la carrera espacial y fue la única periodista a la que se le concedió un permiso especial para poder moverse sin restricciones por todas las dependencias de la NASA, la agencia espacial estadounidense, donde descubrió que el líder del proyecto Apolo era Wernher von Braun, el científico estrella de Adolf Hitler.

La entrevistadora

Fallaci fue definida por los especialistas de los equipos de comunicación de los líderes mundiales como la entrevistadora más peligrosa del mundo. Razón por la cual tenía ganado el respeto y la confianza de la opinión pública. Todo el mundo del periodismo y la política internacional estaban atentos a sus notas, que eran cuidadas como secreto de estado hasta que se publicaban. Aquí algunos fragmentos famosos de algunas de sus entrevistas con alguno de los hombres mas temidos para el mundo de la época:

Durante su entrevista de 1972 con Henry Kissinger, este declaró que la guerra de Vietnam era una "guerra inútil" y se comparó con "el vaquero que lidera la caravana cabalgando solo por delante en su caballo". Kissinger afirmó más tarde que fue "la conversación más desastrosa que he tenido con cualquier miembro de la prensa".

En 1973, entrevistó a Mohammad Reza Pahlavi. Más tarde declaró: "Él considera a las mujeres simplemente como adornos elegantes, incapaces de pensar como un hombre, y luego se esfuerza por darles una completa igualdad de derechos y deberes".

Durante su entrevista de 1979 con el Ayatolá Jomeini, se dirigió a él como un "tirano" y logró quitarse el chador.

OF: Tengo que preguntarte muchas cosas más. Por ejemplo, sobre el chador, que me obligaron a llevar para venir a entrevistarte y que tú impones a las mujeres iraníes... No me refiero sólo a la vestimenta, sino a lo que representa, es decir, al apartheid al que se vieron obligadas las mujeres iraníes después de la revolución. No pueden estudiar en la universidad con hombres, no pueden trabajar con hombres, no pueden nadar en el mar o en una piscina con hombres. Tienen que hacer todo por separado, con su chador puesto. Por cierto, ¿cómo se puede nadar con un chador puesto?
AK: Nada de esto te concierne, nuestras costumbres no te conciernen. Si no te gusta la vestimenta islámica, no estás obligada a usarla, ya que es para mujeres jóvenes y damas respetables.
OF: Muy amable (de tu parte). Ya que me dices eso, me desharé inmediatamente de este estúpido trapo medieval. ¡Listo!

Fotografía tomada durante la famosa entrevista de Oriana Fallaci al Ayatollah Jomeini en Teherán. Foto: PD

Cuando ella seleccionaba a un candidato para una entrevista, no podían evadirla fácilmente por la presión pública que ella ejercía. Tener la entrevista, para bien o para mal, era garantía de estar en primera plana mundial; negarla implicaba directamente que tenían cosas que ocultar.

El amor de su vida

Fallaci aborrecía abiertamente el matrimonio, pero anhelaba tener hijos."No puedes trabajar y estar en casa con tu hijo, pero quieres ambas cosas".  Algo la impactó profundamente cuando entrevistó a Alexandros Panagoulis, un anarquista griego condenado a muerte por el intento de asesinato del líder de la Junta, Georgios Papadopoulous, en 1967. Panagoulis fue liberado en 1973, cuando cayeron los coroneles, después de tres años de tortura y prisión. Ellos mantuvieron una intensa y tumultuosa relación. Panagoulis era un hombre entregado a la causa anarquista, que creía en la acción directa,y sobre todo, aspiraba a una muerte heróica.

En su libro Un hombre (1977) - las memorias que le escribió a Panagoulis después de que éste muriera en mayo de 1976 en un accidente de coche que ella creyó que había sido un asesinato- cuenta la aterradora experiencia de cómo perdió el bebé que tanto deseaba y esperaba, lo cual le desgarró el alma. Describe las interminables batallas para disuadir a Alexandros  de los ataques guerrilleros suicidas. Sin embargo, y a pesar de todo, no había duda de que él era su alma gemela ("Mi amante, mi marido sin contrato, mi camarada político, mi amigo").

El desafío al Islam y a la política internacional

Oriana Fallaci no solo luchó contra las fuerzas visibles del poder. Su enfrentamiento con el Islam, particularmente en la era posterior a los atentados del 11 de septiembre, la colocó en una posición delicada. En su libro La rabia y el orgullo (2001), Fallaci se mostró tajante: la invasión islámica de Europa era, según ella, un fenómeno irreversible, y los europeos se estaban rindiendo ante la amenaza de la cultura islámica, una que ella consideraba incompatible con los valores occidentales.

La postura de Fallaci, ferozmente crítica hacia el Islam, la convirtió en una figura muy controvertida. Algunos la acusaron de ser islamófoba, de incendiar los ánimos con su discurso de choque de civilizaciones, de fomentar el odio y el miedo. Algunas de sus frases que se hicieron públicas en relación al Islam, no ayudaron a mejorar esta percepción negativa por parte de algunos sectores intelectuales y del periodismo. Sin embargo, lo que muchos olvidaron es que su crítica no era al pueblo musulmán, sino a las ideologías extremas que, a su juicio, iban contra la libertad de pensamiento, de expresión y de género. Fallaci, como buena periodista, se enfrentó a las ideas dominantes sin miedo, y su mirada crítica a la inmigración y al multiculturalismo reflejaba la inquietud de una mujer que no quería que su Europa, aquella que tanto amaba, se viera asfixiada por lo que ella percibía como una imposición de valores ajenos.

Se podría argumentar que la radicalidad de algunas de sus opiniones era una extensión de su pasión por la libertad. Pero lo cierto es que muchos no pudieron ver más allá de la ferocidad de sus palabras, y la crítica a su trabajo se centró más en el rol que ocupó por algunas de sus opiniones que por lo en realidad decía. Lo cierto es que tuvo la audacia y el valor de poner sobre la mesa de la discusión social los temas más delicados para que pudieran ser tratados públicamente. Fallaci nunca tuvo miedo de ser incomprendida, de ser etiquetada, de ser atacada. Y siempre que lo fue, lo usó como gasolina para su lucha incansable por lo que consideraba una verdad más grande que cualquier otra: la defensa de la individualidad y sus derechos, la defensa de la libertad sobre la tiranía y la defensa del pensamiento libre sobre cualquier dogma.

Por supuesto que algunas de sus expresiones sobre la inmigración fueron desafortundas; sin embargo, debo aceptar que en muchos aspectos tuvo razón y que, si en vez de meramente haberla criticado estos temas hubieran sido analizados y tratados en profundidad en ese momento, quizás hoy existirían en Europa muchos menos enfrentamientos culturales, a los cuales hoy la sociedad todavía no sabe cómo hacer frente.

Una Figura Imparable en la Larga Lucha del Feminismo

Fallaci fue una feminista que no se conformaba con discursos de igualdad. Para ella, el feminismo debía ser, ante todo, un grito de independencia. Fallaci creía en la igualdad, sí, pero la igualdad como una cuestión de capacidad, de inteligencia y de valor.

Lo que le interesaba era la lucha por la libertad de la mujer en todos los aspectos de la vida, sin concesiones, sin medias tintas. Creo que su acción iba más allá que proclamar la igualdad entre el hombre y la mujer, estaba proponiendo con su obra una forma de actuar frente a la injusticia que produce la mentira, sin importar el género de su creador o emisor. Mi impresión al leer su obra y algunos de sus reportajes es que su desesperada búsqueda para exponer esa inalcanzable verdad, era que ella vivía diariamente cómo el sistema de medios y comunicación existente proclamaba y difundía las mentiras de los personajes más nefastos de la historia moderna actuando con una falsa “objetividad” que permitía y posibilitaba los engaños, la confusión y la concreción del mal que más dañaba a la humanidad, como justificar e intentar lograr la empatía de la gente con guerras crueles, brutales e inútiles como la de Vietman.

En sus entrevistas, libros y discursos, Fallaci demostró que las mujeres podían ser tan valientes, tan audaces, tan inteligentes, y tan desafiantes como quisieran y llegar a lugares donde ningún hombre había llegado. Fallaci fue una mujer a la cual ningún poder intimidó nunca. A través de su escritura, demostró que el verdadero feminismo no consiste solamente en planteos de comparación con hombres, sino en crear nuevos espacios, en desafiar y transformar todo el orden establecido y si alguien quiere superar la limitación, sea hombre o mujer que empiece a trabajar y desarrolle todas sus capacidades para llevarlas más allá del límite, que es exactamente el lugar donde ella vivió todo su vida, más allá del límite.

El Último Enfrentamiento: La Muerte de Fallaci y su Legado

Hoy, en un mundo donde las voces que critican son pocas, débiles y rápidamente silenciadas, donde los disidentes se enfrentan a la cancelación, el legado de Oriana Fallaci sigue siendo un guía para aquellos dispuestos a exponer la mentira, sin importar el costo, simplemente porque eso es lo que corresponde. Fallaci no era una mujer que encajaba en un molde. Su lucha no fue por la popularidad, ni por la aceptación. Fue por una verdad, esa verdad cruda, imposible e inalcanzable, que nadie busca, porque el solo hecho de buscarla termina con tu carrera y en algunos casos con tu vida.  Una búsqueda donde, el solo hecho de pronunciar la pregunta, te pone en riesgo.

Oriana Fallaci. Foto: RR.SS.

Al final del camino, ¿Qué hace que un ser sea extraordinario?

Creo en definitiva que no es la conformidad, ni la comodidad, ni la aprobación. Es la capacidad de levantarse y cuestionar, la resiliencia a la incomodidad y la oposición en todas sus manifestaciones, la vitalidad para desafiar las normas y exponer la mentira, porque mientras que la verdad es un concepto abstracto plagado de subjetividades, por lo cual, muy difícil de concebir, la mentira ya practicada, ya materializada, es un conjunto de hechos que pueden ser expuestos y analizados. De ese análisis que cada uno realizará surge un nuevo concepto, que creo, es lo más cercano a la ¨verdad ¨que podemos estar, en temas no científicos. El estilo personal de Fallaci era muy diferente, estrellarse contra y con los eventos y sus actores, llevárselos puestos, atropellarlos, y que revelaran lo que ocultaban, eso le ganó su fama y prestigio demoledor, con el cual dinamitó toda resistencia que el poder político puso en su camino.

Oriana Fallaci murió de cancer de pulmón en 2006, finalmente encontró un enemigo al que no pudo vencer, aún así la comunicadora excepcional que era, encontró el aspecto comunicacional de su propia muerte, haciendo responsable a Saddam Hussein y los pozos de petróleo que quemaba durante la guerra, por el humo negro que aspiró durante su presencia en Irak como corresponsal. Pero aún sus propios médicos, sin descartar la influencia del humo negro, creían que era más probable que tuviera que ver con los tres paquetes de cigarrillos que fumaba por día durante toda su vida.

Sin importar las consecuencias, Oriana Fallaci hizo como periodista y escritora todo que es posible imaginar, y lo hizo con una fuerza inigualable.

Así que, en definitiva, cuando se habla de seres extraordinarios, no podemos ignorar a Oriana Fallaci. Fue una mujer enorme de 1,50 m de altura que, con su vitalidad intelectual arrolladora y su obra, no solo cambió el periodismo, sino que también cambió la forma en que entendemos la lucha por la libertad, y la búsqueda de esa verdad imposible, estableciendo nuevas marcas en la lucha de los derechos de las mujeres a poder desarrollarse en un mundo que aún ahora no está listo para escucharlas.

Fuentes y bibliografía

Independent
Times
Corriere della Sera
Wikipedia
The Guardian
Libro “La Corresponsal”, Cristina De Stefano editorial Aguilar
L’Europeo
National Geographic
La Rabia y El Orgullo, Oriana Fallaci, editorial Rizolli

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